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lunes, 30 de marzo de 2009

No hagas lo que yo hago ni digas lo que yo digo





Este juego de palabras viene a resumir la política del Partido Popular en sus campañas mediáticas, donde la demagogia, el desprestigio de las instituciones, la falta de respeto y la criminalización del adversario son el leit motiv de su discurso.

Hace unos días, leyendo una noticia en El Periódico me enteré de que el famoso Audi blindado de la Xunta de Galicia que ha usado el presidente Emilio Pérez Touriño, valorado en 331.000 euros lo compró Fraga, que previamente había comprado otro similar, y que además, la operación se hizo sin dotación presupuestaria previa. También comentaba la noticia que el futuro Presidente Núñez Feijoo, circuló con este Audi en la campaña de hace cuatro años, en su condición de vice-presidente. Y para acabarlo de adobar, parece ser de que Fraga todavía circula hoy con un Audi de la Xunta que debería haber devuelto transcurridos dos años de su sustitución como presidente gallego.

Esta situación es un ejemplo claro de las maneras de hacer del PP, que no son de ahora, sino que es su sello de identidad desde hace muchos años y que ya inauguró el Sr. Aznar para hacerse con la presidencia de la Comunidad de Castilla y León a mediados de los años ochenta, orquestando una campaña mediática de difamaciones e imputando delitos de corrupción al Presidente Demetrio Madrid que más tarde fue absuelto de todas las imputaciones, pero que este hecho dio pie a la llegada al poder del PP, tal y como sucedió con el Tamayazo en la Comunidad de Madrid que propició la llegada de Esperanza Aguirre a la presidencia de la Comunidad. Es una manera de hacer que ha creado escuela como hemos visto.

Es asombroso que un partido que tiene al Presidente de la Diputación de Castellón Carlos Fabra imputado y procesado por delitos de corrupción, a miembros destacados de la Comisión Ejecutiva del Partido en delitos de corrupción, soborno y no sé cuántas cosas más, a la mitad de los alcaldes del PP de la Comunidad de Madrid imputados por tráfico de influencias, enriquecimiento ilícito, malversación de fondos públicos y un sin fin de cosas más, cuando además tiene al Presidente de la Comunidad Valenciana Francisco Camps imputado en delitos de corrupción (el Presidente modelo según Rajoy), pues bien, ante todo este panorama, el PP saca pecho, empieza a amenazar a jueces, a desviar la atención pública a otros menesteres, a acusar a los socialistas de persecución (que digo yo, si te pillan con las manos en la masa, el problema de fondo es que te han pillado cometiendo el delito, no que es culpa de los socialistas que te han perseguido) y al final, con mentiras, demagogias, medias verdades, amenazas y la colaboración de unos medios de comunicación sin escrúpulos, siempre se salen con la suya: que los culpables parezcan los demás.

Y esto es para reflexionar, porque ataca los fundamentos de la propia democracia, es como subvertir las cosas para que haya dos raseros de medir: uno al PP y otro al resto.

Un ejemplo de esto lo tenemos con el ex ministro Trillo, ahora de actualidad porque se está juzgando la chapuza del Yak 42. No sólo no dimitió en su momento por el escándalo monumental que supuso la identificación de los cadáveres, sino que ni siquiera está sentado en el banco de los acusados para depurar sus responsabilidades en el asunto. Si esto le hubiese pasado a un ministro socialista, ¿qué habría ocurrido?, pues que hubiese dimitido, tal y como ha hecho el ministro Bermejo. Y yo creo que el fondo de la cuestión, además del papel que juegan los medios de comunicación, está en el nivel de exigencia de la propia sociedad y sobretodo de la militancia de los partidos. En el partido socialista, son las propias bases las que no aceptan actitudes que puedan dañar la acción de gobierno o que ética o estéticamente no sean correctas, y eso es determinante. Esto contrasta con la actitud prepotente del Partido Popular a todos los niveles, y así nos podemos encontrar que en cualquier ayuntamiento, los concejales del PP exijan cosas que ni ellos ni los miembros de su partido cumplen en el municipio de al lado, o que se permiten el lujo de dar lecciones de moralina quienes más tienen que callar. Cuando están en la oposición están siempre con la machaca de la transparencia y acusan a los gobiernos de manipulación de los medios de comunicación, y eso lo dicen quienes en estos momentos están protagonizando la mayor manipulación de los medios de comunicación jamás vista, allí donde gobiernan (por ejemplo Telemadrid y Canal Nou de Valencia). Cualquiera puede comparar el nivel de intervencionismo en TVE actualmente con el gobierno socialista o cuando gobernaba el PP de Aznar (recordemos anécdotas como la de CECEOO del amigo Urdaci) que fue escandaloso, o simplemente el nivel de calidad, independencia o transparencia de TV3 con el resto de canales autonómicos donde gobierna el PP, todos denunciados por manipulación por los propios sindicatos.

Por último, hace unos días el Presidente de las Cajas de Ahorros de España (persona no destacada por su socialismo) denunció públicamente del mayor escándalo de intervencionismo en la democracia en una entidad bancaria, como ha sido el espectáculo que se ha dado con Cajamadrid, donde la insigne presidente Esperanza Aguirre quería incluso cambiar los estatutos de la Entidad para hacerlos a su medida y quitarse de en medio al presidente que ella mismo puso, porque le debe de haber salido rana. Y esta denuncia iba acompañada de otras explicaciones que han sido silenciadas por la mayoría de los medios de comunicación y es que puso como ejemplo de buen hacer y de no intervencionismo político a la Generalitat de Catalunya y su política llevada a cabo con las cajas de ahorros catalanas.

Una cosa sí que hay que reconocer a los estrategas del PP, y es que aunque sea sin escrúpulos y llevándose por delante lo que haga falta, la mayoría de veces consiguen su objetivo: desviar la atención de lo que no les interesa y responsabilizar a los demás de sus problemas. Y otra cosa también es cierta, que a veces, desde el banco socialista se es demasiado condescendiente, se perdonan demasiadas cosas al Partido Popular y con el objetivo del interés general, de dignificar la política y de no generar más crispación, muchas veces, se van de rositas. Lo grave del asunto es que el ciudadano de a pie, que se informa mayoritariamente por la televisión, al no tener toda la información, no tiene elementos para juzgar y decidir, y eso puede pasar factura como ha pasado recientemente en Galicia.

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